Conversación con Susana Rodríguez

En esta nueva entrevista en Fissac contamos con una de las mejores triatletas del mundo: Susana Rodríguez, oro en los últimos Juegos Paralímpicos de Tokio y actual campeona del mundo en su categoría (repitiendo título por quinta vez gracias a su última victoria, esta misma semana en Abu Dhabi). Susana nació con albinismo óculo-cutáneo, por lo que apenas tiene un 5% de visión. Firme defensora del trabajo y de la libertad en el proceso de aprendizaje y de formación, la deportista gallega también es un ejemplo académico: es diplomada en fisioterapia y graduada en medicina. En esta entrevista conoceremos además junto a Guillermo Sánchez y María Martínez (preparador físico y psicóloga, respectivamente, de deportistas de alto rendimiento como la propia Susana u otras como Carolina Marín), cómo piensa y entrena esta leyenda del deporte español.

Susana, lo primero, muchas gracias por atendernos. Lo segundo, enhorabuena por todos tus éxitos deportivos y académicos. A pesar de que tienes 5 mundiales en tu haber, quizá tu mayor logro deportivo sea el oro en Tokio. ¿Qué sentiste cuando ganaste en la bahía de Odaiba de Tokio?

Respuesta: La verdad que es complicado de explicar. Siempre que piensas en los Juegos Paralímpicos hay que tener en cuenta que son muy diferentes a los mundiales porque se celebran cada cuatro años, y esta vez eran cada cinco. Y no sabría describir todo lo que se te pasa por la cabeza en ese momento. Es una auténtica locura y son muchísimas emociones, todas buenas. No es explicable. Y sí, te acuerdas sobre todo de las personas que más te han ayudado a estar allí, sobre todo en estas circunstancias que no pudieron estar la mayoría en Japón por el COVID. Sobre todo, te acuerdas de esas personas.

Susana en la meta de Tokyo 2020 con Sara Löehr.

Nacer con una discapacidad como la ceguera hace que las armas de las que uno dispone para enfrentarse a la vida sean diferentes a las de gran parte de la población. ¿Qué papel ha tenido el deporte en tu manera de relacionarte con el mundo y de entender la vida? 

Para mí ha tenido un papel trascendental porque al final son muchas puertas las que te va abriendo. Es cierto que al principio no es fácil, porque yo, por ejemplo, vivo en Vigo, que es una ciudad grande, donde no teníamos grupos específicos de deportistas con discapacidad visual, y, por tanto, desde el principio tienes que buscar entrenadores o clubs que se animen a entrenar a una persona con esta discapacidad. Es verdad que no es fácil empezar, porque no todo el mundo está dispuesto a eso. Ahora quizás más, pero ya hace años, cuando yo empecé, las cosas eran muy distintas a ahora.

Pero por otro lado, me ha dado muchísimo. Creo que lo que más destacaría es que me ayuda a relacionarme con cualquier tipo de persona. Por ejemplo, cuando era niña me costaba mucho ir a un sitio nuevo y empezar a hablar con las personas nuevas. Y creo que, en ese sentido, el deporte, viajar, ir a competiciones o estar conociendo gente continuamente me ayuda mucho a que hoy estemos aquí.

Guillermo, ¿cuáles son las principales diferencias (si las percibes) que ves a la hora de preparar a una deportista como Susana? ¿Cómo afrontaste la situación cuando te surgió esta oportunidad?

Siempre es un reto hacer cosas nuevas, y lo interpreté como un reto. La propuesta vino de María, que es su psicóloga. Y como Susana es una chica que desde el primer momento le gusta mejorar en todo lo que hace en su deporte y ponerse retos a ella misma, surgió esa necesidad y no lo interpreté como algo diferente porque ella fuese paralímpica o ciega en este caso, sino como algo nuevo para mí, algo nuevo de decir: «Hostia, nunca he tocado el triatlón». Y, de hecho, no soy experto en triatlón ni lo pretendo. Fue una necesidad que cuando se me planteó dije: «esto es clave», y llevo pensando en esta necesidad que deberían de tener todos los deportistas y que yo iba a aplicar en mi deportista, que en este caso era Carolina Marín para los Juegos (Puedes leer aquí la entrevista a Guillermo y Carolina Marín), y dije: «pues bienvenido sea este reto».

María, el trabajo psicológico es una pieza clave en el alto rendimiento, a pesar de que durante mucho tiempo no ha sido así. ¿Cómo trabajas con Susana y con deportistas como Carolina Marín? ¿Qué objetivos tienes con ella?

Bueno, explico un poco la forma de trabajar, que entiendo que es la primera parte para contextualizar el trabajo psicológico. Viendo las necesidades o cuáles son las demandas de las deportistas, vemos cuál es el proyecto, cuáles son los objetivos a trabajar. Como si fuéramos un entrenador, en realidad. Entonces, viendo cómo se distribuye la temporada y cuáles son los objetivos a corto, medio y largo plazo, planificamos a nivel psicológico. Tiene que estar presente en cada momento cuál es el mejor trabajo o la mejor versión a la que podemos llegar en cada punto de esa carrera deportiva. Un poco igual que ocurre en la preparación física. Por ejemplo, tenemos nuestras habilidades, que son la toma de conciencia, la autoconfianza, la motivación, el control del estrés, la gestión emocional, etc. y que, como la velocidad, la potencia o la fuerza, las vas encajando en la planificación. Lo vamos encajando en el entrenamiento psicológico para que los objetivos se vayan cumpliendo. Es verdad que, en nuestro caso, tenemos que abordar situaciones personales que van surgiendo. Nos metemos un poquito más en el mundo interior y personal del deportista, e intentamos mantener un poco la armonía de todo su entorno. Con Susana trabajamos así. En cada momento ha habido una prioridad distinta. Nuevos objetivos, nuevos entrenamientos, nuevos planteamientos.

Susana, a pesar de ser una deportista de alto rendimiento, has conseguido también tener un rendimiento sobresaliente en el ámbito académico. ¿Cómo has podido compaginar ambas “vidas”? ¿Crees que te ha beneficiado estudiar por ejemplo medicina y fisioterapia para ser mejor deportista? ¿Y viceversa? 

Voy a empezar por lo positivo. Creo que el beneficio es que, estar viviendo tantos años con un horario tan intenso, me ha ayudado a ser muy disciplinada y a saber cada día las cosas con las que tenía que cumplir, y saber que hasta que todo eso no estuviera cumplido, no me iba a ir a dormir. Entonces, yo creo que el tener esas dos metas tan importantes a la vez, como eran preparar los Juegos de Río y acabar la carrera de medicina, me ayudó a centrarme completamente en ellas. El problema es que para poder hacer eso prácticamente tienes que renunciar a todo lo demás. Luego, durante el tiempo que estás estudiando, España no es un país que esté preparado para que los deportistas compatibilicen el deporte de alto nivel con la actividad académica. Si quieres hacerlo tiene que ser a base de todo tipo de sacrificios y esfuerzos.

Si hablamos de la universidad, por ejemplo, incluso para adaptarme a determinados grupos de prácticas para poder compaginar los horarios de entrenamiento parece que hay que pedir un gran favor, cuando en realidad debería de ser algo que se diera por hecho y favorecer la carrera dual. Muchos deportistas al final acaban dejando los estudios, y cuando acabas tu carrera deportiva, el haber dejado de lado el plano académico reduce tus opciones de futuro.

Y luego, para mí es todavía más difícil compatibilizar el deporte de alto nivel con lo que fue el MIR, porque cuando eres estudiante, si un día no vas a clase, no pasa nada, en el sentido de que no tienes que rendir cuentas a nadie. Pero a trabajar tienes que ir y tienes que estar a más de tu 100 % porque estás trabajando con los pacientes. Ahí sí que ya la cosa se volvió mucho más seria, y para mí fue lo más complicado.

España no es un país que esté preparado para que los deportistas compatibilicen el deporte de alto nivel con la actividad académica

Susana Rodríguez

Deportista de alto rendimiento y médico. ¿Te queda tiempo para disfrutar de la vida fuera de las pistas y del hospital? ¿Cuáles son tus aficiones preferidas?

Es verdad que no queda demasiado tiempo, pero para mí lo más importante es que el poco que quede sea de calidad. Y obviamente hay veces que sí me gustaría llegar a más, sobre todo respecto a visitar a la familia. Al final yo, por ejemplo, para ir a cualquier sitio dependo de otras personas o del transporte público, que no sé qué es peor. Entonces me gustaría, por ejemplo, hacer algún viaje de ocio, porque cuando vas a competir, –yo he estado en Australia, en Nueva Zelanda, en Turquía, en Japón y en un montón de sitios más– a mí me gusta viajar, pero viajar en plan turismo y es algo que llevo sin hacer… Ya ni me acuerdo.

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¿El hecho de estudiar medicina te ha servido para ser mejor deportista? No en el ámbito de compromiso en el día a día, sino en los conocimientos que has ido adquiriendo de cómo funciona el cuerpo humano, de por qué se comporta de una manera u otra dependiendo de la intensidad o el volumen del entrenamiento.

Creo que cada uno en el deporte tiene que tener su parcela de trabajo, y para mí creo que es útil tener conocimientos de medicina y de fisiología, porque cuando me comunico con mi entrenador o con Guille, en este caso, o con quien sea, me ayuda mucho a entender las cosas. Pero no porque yo personalmente aplique nada, porque a mí en ese sentido me gusta dejarme llevar por lo que me diga la gente de confianza.

Llegó un momento incluso que mi entrenador, que muchas veces era también mi guía, ya no era capaz de hacer las series conmigo

Susana Rodríguez

¿Consideras que ha evolucionado tu forma de entrenar en los últimos años hasta conseguir tu rendimiento actual? ¿Cómo ha cambiado tu preparación?

Quizás de Río a Tokio un cambio importante que hicimos a nivel de datos fue que empezamos a trabajar con potencia, tanto la bici como la carrera a pie. Pero para mí, algo que fue trascendental y que es mucho menos científico, pero al final creo que hay que fijarse también en las cosas menos científicas, es que en los últimos años, sobre todo desde finales de 2017 hasta los Juegos de Tokio, tuve la oportunidad de hacer prácticamente todos mis entrenamientos de carrera a pie con un guía, y tirar menos de gimnasio y de cinta. Eso para mí fue un antes y un después, el tener una persona, y casi siempre la misma, que me ayudara con los entrenos de carrera. Me ayudó mucho más a exigirme. Llegó un momento incluso que mi entrenador, que muchas veces era también mi guía, ya no era capaz de hacer las series conmigo, que era mi objetivo, algo que le dije el primer día. 

Susana Rodríguez ganando su 5º Mundial de Triatlón (2º con Sara Löehr).

Uno de los principales condicionantes en Tokio fueron las altas temperaturas y la elevada humedad (33ºC y 79% de humedad). Sabiendo que ibais a enfrentaros a una situación así, ¿cómo fue la preparación para rendir de forma óptima?

Guillermo: Ese fue el objetivo principal que me llevó a trabajar con Susana. Era esa duda de decir: «Oye, ¿qué podemos hacer con las condiciones que nos esperan en Tokio?». Lo primero que hice fue preguntarle: «¿Cómo vas a plantear ir a Tokio? ¿Dónde vas a estar?», y me dijo: «Bueno, gran parte de la preparación previa a Tokio la voy a pasar en el CAR de Sierra Nevada». En ese momento, yo le dije: «Vale, Susana, así no. Porque Sierra Nevada no tiene las condiciones con las que vas a competir en Tokio». En Sierra Nevada en verano puede hacer 26ºC, como mucho a la hora central del día, 30ºC, y la humedad relativa aquí en verano es muy baja. Estará en un 30 %, es muy seco el ambiente. Entonces, yo le dije: «Si vas a tener que ir allí porque quieres prepararte en altura y beneficiarte de la altura, tienes que meter sesiones de calor y humedad. Y tienes que recrear las condiciones en Tokio». Para aquel entonces yo ya había hecho un periodo de la investigación científica de algunos artículos científicos que hacían una retrospectiva a 15 años de las condiciones de Tokio con el fin de estimar las posibles condiciones climáticas de Tokio. Estudiando nos dimos cuenta de que las condiciones iban a ser clave. Y ahí fue cuando dije: «Esto es clave hasta para deportes indoor, porque las condiciones van a ser muy severas». Y, de hecho, los estudios decían que posiblemente fuesen los Juegos Olímpicos modernos más adversos de la historia en condiciones climáticas. Y así fue. Es por ello que la estrategia que llevamos a cabo en el CAR de Sierra Nevada fue coger una tienda de hipoxia, que no está hecha para el calor y la humedad, pero es una tienda que al ser de plástico, metiendo un buen humidificador y un calefactor dentro, te permite elevar la temperatura de la habitación. A mí lo que más me preocupaba era que los rodillos ahí pueden “petar” por humedad.

Susana: No le preocupaba que petaran las personas, solo que petaran los rodillos (Risas).

Guillermo: Lo que hicimos fue diseñar el plan de menos a más. Íbamos a poder simular condiciones climáticas parecidas o inferiores a Tokio, pues no tenemos el factor sol o el factor de irradiación. No lo íbamos a tener, pero yo animaba a Susana a correr en esas horas más centrales del día, donde la irradiación solar es mucho mayor (y más en Sierra Nevada que está en altura), ese factor de estrés térmico es mayor, y después te metías directamente a la cámara de calor y de humedad. Empezábamos con intensidades medias bajas, para que el cuerpo empezara a sudar y buscar adaptaciones. Y conforme íbamos avanzando en el tiempo, íbamos subiendo la dificultad, simulando condiciones incluso peores a las de Tokio. 

Susana: Después de Sierra Nevada nos fuimos a Sant Cugat, y allí en el CAR tienen una habitación que puedes programar los parámetros de humedad y temperatura. Y entonces allí pudimos incorporar la carrera a pie porque había una cinta, cosa que en Sierra Nevada no era factible. Y la última semana de las dos que hicimos en Sant Cugat llegué a hacer en bici los vatios que iba a hacer en competición, más o menos. Corriendo sí que iba más lento, porque la cinta además a mí me cuesta bastante.

Guillermo: Durante este periodo de aclimatación, que duró unas 6 semanas, empezamos haciendo una hora a baja intensidad sumada a la planificación de entrenamiento habitual y, al final, los últimos días eran 45 minutos, pero a intensidades parecidas a la competición. Probamos también algunas sesiones de sauna en pasivo, sin hacer ejercicio, a temperaturas de alrededor de 60ºC.

La estrategia que llevamos a cabo en el CAR de Sierra Nevada fue coger una tienda de hipoxia, que no está hecha para el calor y la humedad, pero es una tienda que al ser de plástico, metiendo un buen humidificador y un calefactor dentro, te permite elevar la temperatura de la habitación.

Guillermo Sánchez, preparador físico

Susana, ¿podrías decirnos cuántas horas entrenáis a la semana, y cómo se reparten esas horas (entrenamiento de fuerza, entrenamiento de técnica, entrenamiento físico específico en pista, etc)? 

Nosotros solemos hacer a la semana cinco sesiones de natación, cinco de bici, cinco de carrera y dos o tres de gimnasio, según la época de la temporada. En cada sesión de natación, si es una época no competitiva, solemos meter mucho volumen, muchos metros. En cambio, si es antes de las competiciones, van a ser muy pocos metros, pero con cosas muy intensas. Podemos entrenar unas 22 horas a la semana. De entrenamiento efectivo, de encender y apagar el reloj. Luego añádele estirar y demás cosas.

Guillermo, ¿qué importancia le das al descanso? ¿Y cómo consigues parar a deportistas? Muchas veces los triatletas tienen ese deje que quieren siempre más volumen, ¿cómo consigues parar a deportistas tan obsesionados con entrenar y que piensan que quizá un poquito más siempre va a ser mejor?

La principal clave de todo es el aprendizaje. Es enseñar a la persona qué es lo más eficiente para ella. A día de hoy, sigo enseñando cosas a Carolina Marín, con la que trabajo más diariamente. Y con Susana es muy fácil también, porque es verdad que debido a su conocimiento de la ciencia ella lo va a aceptar muy bien, mientras que en otras ocasiones tienes que generar otro tipo de aprendizaje. Pero lo que tienes que demostrar a la persona es que no siempre más es mejor, que la filosofía del no pain, no gain no es buena. Es mejor entrenar inteligente, que entrenar mucho. Es fundamental enseñar hábitos. Por ejemplo el sueño, y cómo hay estrategias tan sencillas como no ver una serie o no utilizar pantallas antes de dormirte, o cómo un libro puede mejorar esa calidad del sueño que es tan importante. Los datos que manejamos, por ejemplo de variabilidad de la frecuencia cardiaca (en estos dos artículos explicamos qué es y para qué se utiliza en el alto rendimiento. Artículo 1Artículo 2) nos hacen dar peso a estas variables para que tomen conciencia. Yo creo que el punto inicial y final de todo esto es que el deportista se sienta partícipe de su propio aprendizaje. 

Doble pregunta. Susana, ¿cómo gestionas el estrés en tu día a día? Y María, muchas veces hablamos de que el estrés psicológico afecta al rendimiento y a la salud. Pero, ¿cómo afecta realmente a nuestra fisiología? ¿Por qué es tan determinante? ¿Qué estrategias utilizas para monitorizarlo?

Susana: Depende del día y depende de la situación, pero en general buscando ser práctica, porque hay ocasiones en las que no he sido práctica y he intentado pensar demasiado, cuando hay cosas que no las puedo controlar. Ahora intento no perder mucho el tiempo con las cosas que no pueda controlar, aunque a veces lo pierda, pero lo intento.

María: Al final, estrés siempre tenemos, ya sea en mayor o menor medida. Y solo es psicológicamente perjudicial cuando la persona no se siente con los recursos suficientes o adecuados para resolver la situación que tiene delante. Cuando vemos la situación como algo más grande de lo que podemos resolver. Entonces ahí siempre medimos, valoramos si nos está afectando y si nos está dañando la autoconfianza, la autoestima, y nos estamos viendo menos preparadas de lo que realmente estamos para afrontar la situación, porque al final no hay situación que no podamos afrontar. Otra cosa es que el resultado sea bueno o malo, pero afrontar, podemos afrontarla y tomar decisiones para resolverla. Y por supuesto, lo que no está en nuestra mano, como decía Susana, aceptarlo u obviarlo. Hay un montón de cosas que no podemos cambiar y que nos estresan, así que hay que saber separar qué está en mi mano y hasta dónde puedo actuar. 

Yo creo que el punto inicial y final de todo esto es que el deportista se sienta partícipe de su propio aprendizaje. 

Guillermo Sánchez

María, hemos leído que utilizas sensores que monitorizan variables fisiológicas. ¿Nos puedes explicar qué son y cómo funcionan?

Sí, es la variabilidad de la frecuencia cardiaca. Lo contrario al estrés no es la relajación, es la coherencia. Lo contrario a la relajación es la activación. La variabilidad de la frecuencia cardíaca me sirve para manejar estados de coherencia, y enseñar a los deportistas a detectarlos y a entrenarlos en estados de coherencia, que luego eso lo trasladamos a la competición como estados ideales de rendimiento. Es decir, cómo quiero estar en la competición se relaciona con mis mejores estados psicofisiológicos. El dispositivo que utilizo es un biofeedback, un poco distinto quizá a lo que maneja más habitualmente Guille. El propio dispositivo le da feedback inmediato al deportista de lo que está pasando. Incluso hay jueguecillos que te permiten ir entrenándolo a través de la respiración. Hay un patrón de respiración asociado a la coherencia cardíaca, que es el que entrenamos y manejamos para estar más tiempo en esos estados, o visualizar esos estados.

Es mejor entrenar inteligente, que entrenar mucho. Es fundamental enseñar hábitos. Por ejemplo el sueño, y cómo hay estrategias tan sencillas como no ver una serie o no utilizar pantallas antes de dormirte, o cómo un libro puede mejorar esa calidad del sueño que es tan importante.

Guillermo Sánchez, preparador físico

Susana, ¿cómo te ha afectado la pandemia de COVID-19? En tu caso, trabajando como médico y a la vez como deportista, tuvo que ser una situación complicada. ¿Cómo compaginabas tu día a día en el trabajo de campo como médico con tu preparación deportiva?

Desde que empezó lo heavy de la pandemia —por poner una fecha, el 14 de marzo—, yo tenía claro que los Juegos no se iban a celebrar en 2020. Tenía muchos compañeros deportistas que me decían: «Es que no podemos, no tenemos piscinas, no tenemos nada, no podemos entrenar». Y yo, sinceramente, en ese momento creo que, porque por las mañanas en el hospital estábamos viendo la situación que estábamos viendo, para mí el deporte y Tokio se convirtió en que Tokio iba a llegar cuando lo urgente, que era la pandemia, se solucionara. Creo que, durante el confinamiento estricto, en España las cosas no se hicieron como debieron respecto a lo que es el deporte de élite, pero eso ya es otro tema.

Todos los días de 6 a 9, yo entrenaba en casa. Primero mi entrenador me decía lo que tenía que hacer. Pero cuando ya llevábamos como un mes y los Juegos ya se pospusieron y se dijo que iban a ser el 2021, él me dijo que hasta que nos desconfinásemos y pudiéramos salir al exterior, que al final quedaron 15 días o así, que hiciera un poco lo que quisiera. Y yo aun así estaba a full todos los días. Tenía el rodillo, una máquina de correr que me trajeron el 23 de marzo, y una de remo. Y algunas cosillas para hacer un poquito de fuerza, pero muy poca cosa. Y creo que eso me ayudaba a estar bien para trabajar y para aguantar la situación, que la verdad que era de bastante tensión.

Y ahora que pasó todo, lo veo como que fue una etapa de la que pude aprender cosas, y una de ellas es que me di cuenta de que me gusta el deporte. O sea, haya competiciones o no, creo que siempre voy a seguir haciéndolo.

Lo contrario al estrés no es la relajación, es la coherencia. Lo contrario a la relajación es la activación.

María Martínez, psicóloga
Susana Rodríguez, en la portada de Time.

Susana, 4 veces campeona del mundo (todavía no había ganado su quinto mundial) y oro en unos Juegos Olímpicos. ¿Ahora qué? 

Para mí el objetivo es mejorar mi natación, mi bici, y mi carrera a pie. O sea, lo que me lleve a eso. Yo antes pensaba: «Me gustaría ganar una medalla en los juegos», y ahora claro que me gustaría ganar otra. Pero lo veo distinto.

Muchas gracias a los tres por atendernos. ¡Os deseamos mucho éxito!

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