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El descanso nocturno ejerce una gran influencia en nuestra salud, ya que durante el sueño se restablecen funciones fisiológicas esenciales para el rendimiento óptimo del organismo durante el día siguiente. Un déficit de sueño podría alterar la regulación hormonal o metabólica del cuerpo, incrementar la actividad del sistema simpático, aumentar los niveles de inflamación o desregular los ritmos circadianos naturales del cuerpo. Por ello, la falta de sueño (dormir menos de las 7–8 horas recomendadas) se ha identificado como un importante factor de riesgo de patologías como la obesidad, la diabetes o las enfermedades cardiovasculares (ECV).

Además de los tradicionales factores de riesgo, los comportamientos relacionados con el sueño y el componente genético contribuyen al desarrollo de ECV. Por ejemplo, un tiempo de sueño corto o excesivo, un cronotipo tardío, el insomnio, los ronquidos y la somnolencia diurna excesiva se asocian con un aumento del riesgo de ECV entre 10–40%. Ahora, por primera vez, en un estudio prospectivo se ha evaluado el impacto de la combinación de los patrones del sueño y la susceptibilidad genética con la incidencia de ECV (1). Se extrajeron muestras sanguíneas de más de 385,000 participantes a los que se siguió durante una media de 8.5 años y, en base a los SNP (polimorfismos de un solo nucleótido), se estableció una puntuación del riesgo genético para determinar si los participantes tenían un riesgo alto, medio o bajo de ECV.

Los resultados del estudio publicado en la revista de la Sociedad Europea de Cardiología mostraron que un patrón del sueño saludable (simbolizando a una persona ‘matutina’, que duerma 7–8 h al día, sin insomnio, ronquidos o somnolencia diurna) se asoció con menor riesgo de ECV independientemente del riesgo de ECV reportado. Es decir, incluso en aquellas personas con una alta susceptibilidad genética a las ECV, patrones del sueño saludables parecen compensarla en cierta medida. Además, vieron que los participantes con buenos hábitos de sueño tenían un 35% menos de riesgo de ECV en comparación con aquellos con patrones de sueño insalubres. A continuación, los investigadores cruzaron los datos del riesgo genético y el patrón del sueño hallando que los participantes con alto riesgo genético y malos hábitos de sueño tenían un 2,5 más de riesgo de patología coronaria y un 1,5 más de accidente cerebrovascular. Mientras, en personas con una alta susceptibilidad genética y un buen patrón del sueño, aunque las posibilidades de patología coronaria e ictus se mantenían en mayor medida (2,1 y 1,3 veces mayor, respectivamente) que en los que tenían bajo riesgo y buenos hábitos, pero descendían con respecto al caso anterior. Finalmente, aunque el riesgo genético fuera bajo, si los hábitos de sueño no eran los adecuados, las posibilidades de patología coronaria e ictus eran importantes (1,7 y 1,6 más, respectivamente) (Figura 1).

Figura 1. Asociación entre los datos del riesgo genético y el patrón del sueño para patología coronaria y accidente cerebrovascular.

Los resultados de este estudio muestran la importancia de mantener patrones del sueño saludables, ya que el no hacerlo puede tener graves consecuencias para la salud. Y es que durante el sueño ocurren cambios en la presión arterial, la frecuencia cardiaca y respiratoria, la temperatura corporal, la secreción hormonal, entre otros, con el fin de reajustar nuestras funciones corporales. Sin embargo, los hábitos actuales de una gran parte de la población les lleva a no dormir más de 6-7 horas al día con el consiguiente riesgo cardiovascular.


REFERENCIA

Fan, M., Sun, D., Zhou, T., Heianza, Y., Lv, J., Li, L., & Qi, L. (2019). Sleep patterns, genetic susceptibility, and incident cardiovascular disease: a prospective study of 385 292 UK biobank participants. European Heart Journal, 41(11), 1182-1189.

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