La actividad física: el fármaco del siglo XXI

Realizar actividad física regularmente podría prevenir más de 110.000 muertes al año solo en Estados Unidos. Estos asombrosos resultados ratifican una vez más los beneficios de la actividad física sobre la salud hasta tal punto de poder ser considerada un medicamento (no farmacológico) más. Por ello, médicos y especialistas en ejercicio debemos trabajar de la mano.

Solo en Estados Unidos se podrían prevenir más de 110.000 muertes al año si las personas hicieran 10 minutos más al día de actividad física moderada-vigorosa (Figura 1) (1). Esta es la potente conclusión de un nuevo estudio publicado en la prestigiosa JAMA Internal Medicine, que analizó la asociación entre los niveles de actividad física medidos mediante acelerometría y el riesgo de muerte en más de 4.800 personas a las que se les hizo un seguimiento medio de 10 años. Pero esto no es todo. Además, los investigadores observaron que a medida que se aumenta el volumen de actividad física también lo hacen sus beneficios. Cada incremento de 10, 20 o 30 minutos al día de actividad física moderada-vigorosa se asoció con una disminución del 6,9%, 13,0% y 16,9% del número de muertes al año, respectivamente. Estos datos tienen una gran trascendencia en términos de salud pública. La actividad física salva vidas.

Figura 1. Número de muertes evitables y reducción en la proporción de muertes totales por cantidad incrementada de actividad física moderada-vigorosa (1).

A estas alturas no debería ser necesario explicar que la actividad física es beneficiosa para la salud. Conforme el tiempo avanza, lo hace también la ciencia, y la evidencia alrededor de las bondades de la realización de actividad física para la salud viene de muchos años atrás. Nada menos que 70. Es a mediados del siglo pasado (años 50) cuando un afamado epidemiólogo británico, Jeremiah N. Morris, observó que los conductores de los típicos autobuses londinenses de dos plantas (iban sentados durante toda su jornada laboral) tenían mayor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares que los revisores de dichos autobuses (debían estar constantemente subiendo y bajando las escaleras) (2). Los conductores no sólo tenían un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular (aproximadamente un 42% más), sino que también tenían más riesgo de padecer enfermedad cardiaca desde más jóvenes, además de tener un peor pronóstico en el caso de padecer un infarto de miocardio (Figura 2).

Figura 2. Los conductores presentaron un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular que los revisores, los cuales realizaban una mayor actividad física (2).

Por primera vez se sugería que podía existir una relación causal directa entre la práctica regular de actividad física y la salud cardiovascular. Para descartar el que estos peores resultados pudieran deberse al estrés constante que tienen los conductores al volante (y más en una gran ciudad como Londres), Morris llevó a cabo una investigación posterior con trabajadores de un sector servicios diferente: el servicio de correos londinense (3). ¿Cuáles fueron los resultados? Similares al estudio anterior: menor incidencia de enfermedad cardiovascular y de muerte entre los carteros que caminaban o iban en bicicleta durante toda la jornada laboral para entregar las cartas en comparación con los telefonistas del servicio postal, los cuales pasaban sentados la mayor parte del turno de trabajo. Es decir, moverse reduce el riesgo de que tu corazón enferme, y en el caso de que enferme, las posibilidades de que se recupere son mayores.

Los trabajos de Morris sentaron las bases científicas sobre las que se han venido sustentando las miles de publicaciones posteriores en torno a la relación entre actividad física y la salud. Para muestra un botón, el número de artículos publicados en este ámbito pasó de cero antes de 1950 a cerca de setenta y cinco mil en los años 2000 (4).

Desde la publicación de esas pioneras investigaciones hasta la actualidad, la ciencia ya ofrece muchas pruebas que demuestran que la práctica de actividad física regular es un seguro de vida, y este seguro de vida funciona a la inversa que la batería de un dispositivo móvil. Mientras que cuanto más utilizas tu teléfono más rápido se agota su batería, cuanto más utilizas tus músculos, tu corazón, y en definitiva cuanto más te mueves, más se carga la tuya. Es decir, cuanto menos te mueves, antes se agota y más rápidamente te apagas.

Esto quedó terriblemente demostrado en un estudio publicado recientemente en la prestigiosa British Journal of Sports Medicine (5). En dicho estudio se analizó el nivel de actividad física y el tiempo que pasaban sentados en más de 44.000 adultos. Los resultados, asombrosos, mostraron que quienes permanecían sentados la mayor parte del día tenían un 260% más de riesgo de morir prematuramente en comparación con quienes realizaban al menos 30 minutos de actividad física diaria. Además, en contra de hallazgos previos, parece que no existe un límite o umbral por encima del cual la realización de actividad física empieza a perder sus poderes, incluso aunque sea de intensidad vigorosa. A medida que aumentamos el volumen también parecen hacerlo sus beneficios sobre la salud (6).

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Conclusiones

La actividad física es una herramienta vital para mejorar la vida de las personas. Estos resultados nos muestran que puede ser un arma muy poderosa para utilizar en el ámbito clínico. Ahora bien, sus efectos beneficiosos sobre la salud dependen de la dosis (volumen e intensidad), la cual será diferente para cada persona y su contexto. Por tanto, debe ser considerada como un medicamento más (en este caso, no farmacológico). Como tal, su eficacia depende de una prescripción adecuada. No es lo mismo recetar un paracetamol para el dolor de cabeza que sintrom®. Con la actividad física y el ejercicio ocurre lo mismo. No nos cansaremos de proclamarlo. Médicos y especialistas en ejercicio debemos trabajar de la mano. La salud de la población está en nuestras manos… y en sus pies. 


Referencias:

1.        Saint-Maurice PF, Graubard BI, Troiano RP, Berrigan D, Galuska DA, Fulton JE, et al. Estimated Number of Deaths Prevented Through Increased Physical Activity Among US Adults. JAMA Intern Med. 2022.

2.        Morris JN, Heady JA, Raffle PAB, Roberts CG, Parks JW. Coronary heart-disease and physical activity of work. Lancet. 1953;262:1053–7. 

3.        Morris JN, Heady JA, Raffle PAB, Roberts CG, Parks JW. Coronary Heart-Disease and Physical Activity of Work. Lancet. 1953;262:1111–20. 

4.        Blair SN, Davey Smith G, Lee IM, Fox K, Hillsdon M, McKeown RE, et al. A tribute to Professor Jeremiah Morris: The man who invented the field of physical activity epidemiology. Ann Epidemiol. 2010;20(9):651–60. 

5.        Ekelund U, Tarp J, Fagerland MW, Johannessen JS, Hansen BH, Jefferis BJ, et al. Joint associations of accelerometer-measured physical activity and sedentary time with all-cause mortality: a harmonised meta-analysis in more than 44 000 middle-aged and older individuals. Br J Sports Med. 2020;54(24):1499–506. 

6.        Ramakrishnan R, Doherty A, Smith-Byrne K, Rahimi K, Bennett D, Woodward M, et al. Accelerometer measured physical activity and the incidence of cardiovascular disease: Evidence from the UK Biobank Cohort study. PLoS Med [Internet]. 2021;18(1). 

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