La actividad física, una barrera contra el cáncer

La actividad física regular es una de las herramientas más potentes en la prevención de enfermedades crónicas, incluido el cáncer, pudiendo reducir la incidencia de hasta 7 tipos.
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El cáncer es una enfermedad inherente al envejecimiento. El aumento de la esperanza de vida a nivel global provoca que una gran parte de la población pueda sufrir algún tipo de cáncer a lo largo de su vida. A pesar de que reducir el riesgo a 0 no es posible, nuestro estilo de vida puede ayudarnos a atenuar las posibilidades de tener cáncer.

En este sentido, la actividad física se convierte en una de las herramientas más potentes para su prevención. Cuando nuestros músculos se contraen producen una serie de citocinas denominadas miocinas que establecen un diálogo cruzado con el resto de tejidos de nuestro organismo ayudando a mantenerlos sanos. Además, el estrés producido durante el ejercicio hace que el sistema inmunitario esté más preparado para hacer frente a potenciales enfermedades, de tal manera que el “ambiente” fisiológico de una persona que hace actividad física con regularidad tiene mecanismos anti-tumorales que atenúan el riesgo de progresión de lesiones premalignas. Por el contrario, una persona con obesidad o síndrome metabólico tiene un mayor riesgo de sufrir cualquier tipo de cáncer, ya que el ambiente de inflamación de bajo grado propicia que posibles lesiones precancerosas progresen hacia la malignidad. 

Por lo tanto, el aumento del gasto energético que produce la actividad física integra una serie de respuestas que ayudan a reducir, que no eliminar, el riesgo de padecer cáncer. Así, un estudio publicado en 2019 (1) que analizó a más de 750.000 personas halló que seguir las recomendaciones de actividad física reduce el riesgo de sufrir hasta 7 tipos de cáncer. Además, el descenso del riesgo era mayor entre aquellas personas que hacían más actividad física o a mayor intensidad, como caminar rápido 5 horas a la semana (intensidad moderada) o entrenar fuerza, nadar o correr 2 horas y media a la semana (actividad física intensa). Es decir, se produce una relación dosis-repuesta entre la actividad física que hacemos y el riesgo de tener cáncer. Cuanto mayores son los niveles de actividad física y la intensidad a la que la realizamos, menor es el riesgo de cáncer.

El cáncer es el peaje que tenemos que pagar por vivir más años y no podemos eliminar el riesgo de padecerlo, pero nuestro estilo de vida es determinante si queremos tener mayor protección. La actividad física se convierte en una herramienta imprescindible de salud pública si queremos que nuestra población envejezca de forma saludable.

Figura 1. La actividad física, una barrera contra el cáncer

Referencia:

  1. Matthews, C. E., Moore, S. C., Arem, H., Cook, M. B., Trabert, B., Håkansson, N., … & Milne, R. L. (2019). Amount and Intensity of Leisure-Time Physical Activity and Lower Cancer Risk. Journal of Clinical Oncology, JCO-19.

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