El ejercicio es medicina, también en el mundo animal

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El sedentarismo es una consecuencia del desarrollo cultural y tecnológico. Sin embargo, en comparación con los simios, los humanos somos más activos físicamente. ¿Cómo cambian nuestros niveles de colesterol, presión arterial o glucosa en sangre si nos movemos lo mismo que un bonobo o un chimpancé? ¿Qué les ocurre a los chimpancés si dejan de moverse?

El sedentarismo supone un grave problema para la sociedad. El riesgo de sufrir patologías crónicas como cáncer, síndrome metabólico o enfermedades cardiovasculares aumenta de manera proporcional conforme disminuyen nuestros niveles de actividad física (1). El problema radica en que nos movemos menos porque no tenemos la necesidad de hacerlo. El desarrollo tecnológico ha hecho que la mayor parte de tareas que antes eran imprescindibles para nuestra supervivencia, como por ejemplo recolectar alimentos, cazar, buscar agua, o transportarnos de un lugar a otro, ahora no sean necesarias.

Esta tendencia actual, que además va en aumento [una consecuencia clara es el descenso de la capacidad cardiorrespiratoria de la población mundial en las últimas décadas (Figura 1)], hace que el ser humano tenga que tomar decisiones que en muchas ocasiones pueden ir en contra de su naturaleza. Una de ellas es hacer ejercicio físico. El ser humano actualmente tiene la necesidad de gastar energía en forma de píldoras de movimiento estructurado cuando en un pasado estaría “quemando” esta energía con su actividad física cotidiana. A este movimiento estructurado es a lo que llamamos entrenamiento. Ir al gimnasio, jugar un partidillo de fútbol con los amigos, ir a correr por el parque… todas estas acciones las llevamos a cabo porque necesitamos gastar energía que de otra manera se acumularía en forma de grasa e incrementaría el riesgo de sufrir toda la cascada de acciones ligadas a la obesidad: lipotoxicidad, resistencia a la insulina, inflamación crónica de bajo grado y deterioro sistémico. Entrenar es un invento humano para paliar la inactividad física asociada al desarrollo tecnológico.

Figura 1. Declive de la forma física de la población. Un análisis de la capacidad cardiorrespiratoria de 2.525.827 personas muestra un descenso del 7,7% (1,6% por década) desde 1967 a 2016 (2).

Perspectiva evolutiva del movimiento humano, ¿por qué nos movemos?

Sabemos que la actividad física es buena para la salud. Y, además, sabemos que el incremento de los niveles de actividad física que se produjo hace aproximadamente 2 millones de años en los seres humanos fue fundamental para que nuestra esperanza de vida aumentara (3). El autor de esta hipótesis, Daniel Lieberman, sugiere que los procesos reparadores asociados a la actividad física (microrroturas en los tejidos que desencadenan procesos de reparación y mantenimiento), los cuales tienen un elevado coste energético, previenen la acumulación de grasa y aumentan el mantenimiento del organismo. Así, en 20 años, la diferencia de gasto energético asociada a los procesos de reparación y mantenimiento entre una persona sedentaria y otra activa sería de ~260.000 kcal. Es decir, la persona sedentaria destinaría esas 260.000 kcal a la formación de grasa, lo que sabemos que aumenta el riesgo de enfermedades cardiometabólicas (este tema lo abordamos en detalle en este artículo y en este webinar).

Levántate y anda

Si existe un acto que se relaciona con el ser humano ese es caminar. Podemos estimar cuáles son los niveles de actividad física de una población (y por ende de su salud) analizando cuántos pasos dan cada uno de sus ciudadanos. Así, si hace 2 millones de años se calcula que caminábamos entre 10.000 y 18.000 pasos al día (~12 km diarios), tras la revolución industrial el número de pasos en países como Estados Unidos ha descendido a casi un 25%. Un estadounidense medio da 5.000 pasos al día, lo que suponen unos 3-5 km(4). Esto contrasta con lo que se mueven sociedades que siguen teniendo un estilo de vida similar al de nuestros antepasados. Por ejemplo, los cazadores-recolectores Hadza del norte de Tanzania caminan un promedio de 18.500 en el caso de los hombres y 11.000 en el de las mujeres (5). Si nos fijamos en agricultores de subsistencia como los tarahumaras del noroeste de México, dan alrededor de 18.800 pasos diarios (6). 

La pandemia de sedentarismo actual se traduce en un incremento de la mortalidad. Nos movemos menos y esto aumenta las probabilidades de sufrir enfermedades que a largo plazo aceleran el riesgo de muerte (7). Por ello, a pesar de que solo con caminar no es suficiente, llegar a la famosa cifra de 10.000 pasos se asocia con una disminución del riesgo de tener enfermedad cardiovascular en un 35%, el de cáncer en un 20%, y el de demencia en un 50%, tal y como informa un estudio que ha analizado a más de 78.000 personas (8). Si hablamos de salud, prescribir pasos puede ser una buena estrategia para comenzar a mejorar la salud de la población.

¿Qué ocurre si te mueves lo mismo que un chimpancé?

Los seres humanos somos animales de resistencia en comparación con los simios. Los chimpancés o los bonobos son más sedentarios que los humanos. Si hablamos de pasos, los chimpancés salvajes caminan alrededor de 4.000 pasos, los bonobos unos 5.000, los gorilas 1.200 y los orangutanes apenas llegan a los 1.000 (4) (Figura 2). La evidencia sugiere que los simios no necesitan niveles de actividad tan elevados como los seres humanos para preservar su salud. Aunque esto es algo que vamos a analizar más adelante, porque la cantidad importa.

Figura 2. Cantidad de pasos en grandes simios no humanos y humanos que viven en sociedades tradicionales o en sociedades más industrializadas (4).

Si tomamos como referencia los 4.000–5.000 pasos que dan los chimpancés y los bonobos, las personas que tienen niveles de actividad similares a estos simios presentan un mayor riesgo de mortalidad y de enfermedades cardiometabólicas. Por ejemplo, un estudio en Canadá mostró que caminar más de 5.000 pasos al día se asocia a menor presión arterial, colesterol LDL, resistencia a la insulina o glucosa plasmática (9). Otro estudio, esta vez en población de Estados Unidos, concluyó que los adultos que daban entre 5.000 y 10.000 pasos al día tenían un 40% menos de riesgo de sufrir síndrome metabólico en comparación con aquellos que caminaban menos de 5.000 pasos diarios (10). Así, tal y como podemos ver en la figura 3, el riesgo de mortalidad y de tener enfermedades cardiometabólicas disminuye conforme aumentamos los niveles de actividad física por encima del de los simios. Nos parecemos mucho, pero necesitamos movernos más que ellos para preservar nuestra salud.

Figura 3. Número de pasos y riesgo de mortalidad en los seres humanos tomando como referencia valores de simios (4).

¿Son los chimpancés realmente animales sedentarios?

En comparación con nosotros, sí. Pero esto no significa que si los chimpancés reducen sus niveles habituales de actividad su salud no se vea resentida. Para visualizar esto, de nuevo Daniel Lieberman ha publicado un ensayo en Current Biology en el que analiza cómo afecta el sedentarismo en los chimpancés (4). Y como apenas existen estudios en chimpancés salvajes, lo que ha hecho ha sido comparar chimpancés de laboratorio con chimpancés que viven en santuarios (espacios naturales controlados). Los primeros se asemejarían a humanos que viven en una ciudad industrializada como puede ser Nueva York, en la que la tecnología hace todo por nosotros, y los segundos a cazadores recolectores, que se mueven con libertad y siguen realizando actividades cotidianas necesarias para sobrevivir. 

Para situarnos, si hablamos de distancia y de pasos, antes hemos visto cómo los chimpancés salvajes pueden caminar alrededor de 4.000 pasos. En cambio, los chimpancés que viven en cautividad reducen a casi 1/3 sus niveles de actividad física. Dan ~1.000 pasos al día y recorren solo de 200 a 700 metros (11). Y esto tiene consecuencias en su peso, su presión arterial o el colesterol total, todos ellos factores de riesgo cardiovascular. Por ejemplo, un estudio que comparó chimpancés de santuario (que viven en libertad) con chimpancés de laboratorio mostró que los primeros tenían una mejor composición corporal (pesaban menos y tenían menos grasa), menos colesterol total, menos colesterol LDL (el colesterol “malo” como se denomina popularmente) y más colesterol HDL (colesterol “bueno”) (Figuras 4 y 5) (12). Además, otros estudios han reportado que los chimpancés de laboratorio tienen niveles muy altos de sobrepeso (hasta un 50% de los analizados en algunos estudios), presiones arteriales más elevadas y prevalencia de enfermedades cardiovasculares (en una muestra de 16 chimpancés hembras, el 81% de ellas fue diagnosticada de enfermedad cardiovascular) (13). 

Figura 4. Niveles de colesterol en chimpancés de laboratorio y de santuarios, con valores promedio en humanos de Estados Unidos y de poblaciones de cazadores recolectores (12).
Figura 5. Evolución del peso corporal a lo largo de la vida en chimpancés de santuario y de laboratorio (12).

La calidad de la dieta y los menores niveles de actividad física de los laboratorios afectan a la salud de los chimpancés. Al igual que ocurre en los humanos, entornos cerrados en los que se alienta al sedentarismo y a las dietas hipercalóricas les enferman. Por el contrario, Lieberman asegura que no hay casos reportados de chimpancés salvajes con obesidad o enfermedad cardiovascular. Por ello, al igual que en los seres humanos, la actividad física parece ser también fundamental para la salud de los chimpancés, aunque estos necesiten una menor dosis en comparación con nosotros. Como dice Lieberman, si los chimpancés alcanzaran nuestra esperanza de vida, la actividad física seguramente aparecería como uno de los principales factores de protección para su salud al igual que ocurre en los humanos.

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Aitor Viribay
Fisiólogo e investigador. Nutricionista de INEOS

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Conclusiones

El sedentarismo es una consecuencia del desarrollo cultural y tecnológico. Esto ha hecho que en unos pocos años los niveles de actividad física se hayan reducido de forma dramática, incrementando por ello el riesgo de obesidad, diabetes, cáncer y enfermedades cardiovasculares en la población. Si nos atenemos a una perspectiva evolutiva, los seres humanos necesitamos movernos para aumentar el gasto energético y evitar la acumulación de grasa. Si bien ahora no necesitamos movernos para subsistir, es imperioso que la población recupere los niveles de actividad física de décadas anteriores. Para ello, prescribir al menos “10.000 pasos” puede ser una fórmula eficaz de empezar a conseguirlo. Si nos movemos lo mismo que los chimpancés, tenemos el riesgo de colapsar los servicios sanitarios. En este sentido, a pesar de que los simios no necesitan moverse tanto como nosotros, la pérdida de movimiento en ellos también tiene consecuencias para su salud. El movimiento es medicina. Para nosotros y para el mundo animal.


Referencias:

1.        Booth FW, Roberts CK, Thyfault JP, Ruegsegger GN, Toedebusch RG. Role of Inactivity in Chronic Diseases: Evolutionary Insight and Pathophysiological Mechanisms. Physiol Rev [Internet]. 2017 Aug 16;97(4):1351–402. Available from: https://doi.org/10.1152/physrev.00019.2016

2.        Lamoureux NR, Fitzgerald JS, Norton KI, Sabato T, Tremblay MS, Tomkinson GR. Temporal Trends in the Cardiorespiratory Fitness of 2,525,827 Adults Between 1967 and 2016: A Systematic Review. Sports Medicine [Internet]. 2019;49(1):41–55. Available from: https://doi.org/10.1007/s40279-018-1017-y

3.        Lieberman DE, Kistner TM, Richard D, Lee IM, Baggish AL. The active grandparent hypothesis: Physical activity and the evolution of extended human healthspans and lifespans. Proceedings of the National Academy of Sciences [Internet]. 2021 Dec 14;118(50):e2107621118. Available from: http://www.pnas.org/content/118/50/e2107621118.abstract

4.        Raichlen DA, Lieberman DE. The evolution of human step counts and its association with the risk of chronic disease. Current Biology [Internet]. 2022 Nov 7;32(21):R1206–14. Available from: https://doi.org/10.1016/j.cub.2022.09.030

5.        Wood BM, Harris JA, Raichlen DA, Pontzer H, Sayre K, Sancilio A, et al. Gendered movement ecology and landscape use in Hadza hunter-gatherers. Nat Hum Behav [Internet]. 2021;5(4):436–46. Available from: https://doi.org/10.1038/s41562-020-01002-7

6.        Shave RE, Lieberman DE, Drane AL, Brown MG, Batterham AM, Worthington S, et al. Selection of endurance capabilities and the trade-off between pressure and volume in the evolution of the human heart. Proceedings of the National Academy of Sciences. 2019;116(40):19905–10. 

7.        Paluch AE, Bajpai S, Bassett DR, Carnethon MR, Ekelund U, Evenson KR, et al. Daily steps and all-cause mortality: a meta-analysis of 15 international cohorts. Lancet Public Health [Internet]. 2022 Mar 1;7(3):e219–28. Available from: https://doi.org/10.1016/S2468-2667(21)00302-9

8.        del Pozo Cruz B, Ahmadi MN, Lee IM, Stamatakis E. Prospective Associations of Daily Step Counts and Intensity With Cancer and Cardiovascular Disease Incidence and Mortality and All-Cause Mortality. JAMA Intern Med [Internet]. 2022 Nov 1;182(11):1139–48. Available from: https://doi.org/10.1001/jamainternmed.2022.4000

9.        Hajna S, Ross NA, Dasgupta K. Steps, moderate-to-vigorous physical activity, and cardiometabolic profiles. Prev Med (Baltim) [Internet]. 2018;107:69–74. Available from: https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0091743517304371

10.      Sisson SB, Camhi SM, Church TS, Tudor-Locke C, Johnson WD, Katzmarzyk PT. Accelerometer-Determined Steps/Day and Metabolic Syndrome. Am J Prev Med [Internet]. 2010;38(6):575–82. Available from: https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0749379710002060

11.      Ross SR, Shender MA. Daily travel distances of zoo-housed chimpanzees and gorillas: implications for welfare assessments and space requirements. Primates [Internet]. 2016;57(3):395–401. Available from: https://doi.org/10.1007/s10329-016-0530-6

12.      Cole MF, Cantwell A, Rukundo J, Ajarova L, Fernandez-Navarro S, Atencia R, et al. Healthy cardiovascular biomarkers across the lifespan in wild-born chimpanzees (Pan troglodytes). Philosophical Transactions of the Royal Society B: Biological Sciences [Internet]. 2020 Nov 9;375(1811):20190609. Available from: https://doi.org/10.1098/rstb.2019.0609

13.      Nunamaker EA, Lee DR, Lammey ML. Chronic diseases in captive geriatric female chimpanzees (Pan troglodytes). Comp Med. 2012;62(2):131–6. 

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