¿Cómo afectan las vacaciones a la salud de los niños?

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Las vacaciones son un periodo necesario para cualquier persona, y también para los niños. Durante estas semanas los pequeños de la casa disponen de más tiempo libre y pueden aprovechar para hacer lo que más les gusta. Ir al parque, jugar con sus amigos, realizar excursiones en familia…pero como todos sabemos, también es un tiempo en el que aprovechan para jugar con el ordenador o la videoconsola, irse a dormir más tarde, o comer peor... Entonces ¿Cómo afectan realmente las vacaciones al estilo de vida de los niños?

Tras meses de madrugones y tardes de deberes, la llegada de las vacaciones supone un soplo de aire fresco para muchos hogares —y, especialmente, para los niños. Los más jóvenes de la casa aprovechan las vacaciones para cambiar su rutina diaria: cambian los horarios de acostarse y levantarse de la cama, aprovechan la mañana para dedicarse a lo que les apetezca, y pueden olvidarse durante unos días de esas tediosas clases extraescolares, que les dejan sin tiempo libre durante el curso. Todo parece, a priori, positivo. ¿Pero cómo afectan las vacaciones a la salud de los niños?

Vacaciones y estilo de vida en niños

La respuesta a la pregunta sobre cómo afectan las vacaciones a la salud de los niños la ha dado un reciente estudio publicado en la revista Pediatric Obesity (1). Los investigadores analizaron durante 2 años a un grupo de 133 niños por medio de acelerómetros y cuestionarios (rellenados tanto por ellos como por sus padres), incluyendo periodos de vacaciones y escolares. Los resultados mostraron que durante las vacaciones los niños realizaban menos actividad física de moderada o alta intensidad (12 minutos menos al día) en comparación con los meses escolares, aumentando el tiempo de sedentarismo en 27 minutos diarios. Además, uno de los resultados más llamativos fue que durante los periodos de vacaciones el uso de pantallas aumentó en 70 minutos diarios, y la calidad de la dieta se veía disminuida (consumiendo, por ejemplo, 1 ración menos de frutas y verduras durante las vacaciones en comparación con el periodo escolar). Estos resultados concuerdan con los de otro estudio en más de 300 niños australianos, el cual mostró que el gasto energético era un 5-6% menor durante los periodos de vacaciones que en el periodo escolar, en parte debido a que los niños dormían más (40 minutos más), estaban más tiempo sentados (30 minutos más) y/o viendo la televisión (60 minutos más), y realizaban menos actividad física intensa (10 minutos menos) (2). Es importante tener en cuenta, no obstante, que estas diferencias podrían verse modificadas en parte según variables como el sexo o el estatus socioeconómico de las familias. Por ejemplo, se ha observado que las niñas suelen emplear su tiempo durante las vacaciones en actividades más sedentarias que los niños, y lo mismo ocurre con los niños de familias con un alto estatus socioeconómico, quienes pasan más tiempo sentados en comparación con los de familias con bajo estatus socioeconómico (3).

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Aitor Viribay
Fisiólogo e investigador. Nutricionista de INEOS

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Estos resultados pueden ser a priori comprensibles. Los niños tienen derecho a tomarse un descanso de su rutina diaria, y no pasa nada si sustituyen (dentro de unos límites razonables) parte de su horario escolar con tiempo de pantallas o, en general, de actividades sedentarias. De hecho, algo parecido se ha observado al comparar los fines de semana con los días de entre semana, encontrando que el 80% de los niños llevan a cabo hábitos más “obesogénicos” durante los fines de semana (peor dieta, más sedentarismo, y menos actividad física) (4). Pero por otro lado, debemos tener cuidado con estos hábitos especialmente si tenemos en cuenta que, en países como España, las vacaciones de verano se alargan hasta 3 meses. De hecho, en el estudio anteriormente mencionado calcularon que, si esa diferencia de 5-6% de gasto energético diario se mantuviese durante 6 semanas, cada niño ganaría aproximadamente 650 gramos de masa grasa (2). Entre 1 y 1.5 kg de masa grasa si extrapolamos esos datos a las 12 semanas de vacaciones que disfrutan en nuestro país. Por lo tanto, esos “pequeños” cambios en los hábitos diarios podrían tener mayores consecuencias de las que pensamos si se mantienen de forma acumulativa. 

Figura 1. Niño jugando al ordenador. Imagen creada con Midjorney.

Cambios en el peso corporal durante las vacaciones

Existe de hecho evidencia que muestra que los niños ganan más peso durante las vacaciones que durante el periodo escolar (como ya comentamos aquí). Por ejemplo, un estudio evaluó el peso y la altura de más de 3500 niños de entre 5 y 7 años durante un periodo de 5 años (5). Los resultados mostraron que durante los periodos escolares el percentil de índice de masa corporal (que tiene en cuenta la relación entre peso y altura) disminuía en 1.5 puntos de media, mientras que durante los periodos vacacionales este percentil aumentaba en 5.2 puntos. Un resultado curioso fue que, en un análisis atendiendo a las diferentes categorías de peso, los autores observaron que durante el periodo escolar aquellos que reducían su percentil de índice de masa corporal eran los que presentaban sobrepeso u obesidad, pero no los que tenían un peso normal —aunque todos ganaban peso durante el periodo de vacaciones (Figura 2). 

Figura 2. Cambio de índice de masa corporal (expresado como percentil) durante el periodo escolar y de vacaciones en niños de distintas categorías de peso (5).

Conclusiones

Actualmente vivimos una pandemia de obesidad en adultos (1 de cada 4 adultos sufre esta condición a nivel mundial), pero esta pandemia tiene en muchos casos su origen desde la más temprana edad (6,7). Según el estudio PASOS de la Gasol Foundation, realizado en más de 3000 niños españoles, más de un 60% de la población infantil no cumple con las recomendaciones de actividad física de la Organización Mundial de la Salud (60 minutos al día de actividad física moderada o vigorosa como mínimo), entre un 30% y un 50% no cumple las recomendaciones de sueño, y un 80% hace un uso de pantallas excesivo (aquí debemos recordar que, según las recomendaciones internacionales, los menores de 2 años no deberían hacer uso de pantallas, y los mayores de esa edad deberían limitar su uso a una hora diaria como máximo). Entre las muchas consecuencias de estos hábitos de vida tenemos el riesgo de obesidad que, según el estudio PASOS, afecta a 1 de cada 3 menores de entre 8 y 16 años. Como vemos, estas deficiencias en el estilo de vida pueden acentuarse durante las vacaciones, durante las cuales los niños pasan más tiempo en actividades sedentarias, hacen aún más uso de pantallas, y participan menos en actividades físicas de intensidad moderada o vigorosa (la cual aporta los mayores beneficios para la salud) (Figura 3). Todos estos cambios pueden tener muchas consecuencias, entre ellas un aumento en el peso corporal que a menudo no retorna a los valores “normales” al volver al colegio, aumentando el riesgo de sobrepeso u obesidad presente y futura (así como de los riesgos asociados a la misma, como hemos comentado en anteriores ocasiones).

Figura 3. Resumen de los cambios en el estilo de vida asociados a las vacaciones en comparación con el periodo escolar (1,2).

Por lo tanto, aunque las vacaciones son un momento ideal para desconectar de la rutina, no debemos olvidar la necesidad de mantener un estilo de vida saludable. Dentro de lo posible (teniendo en cuenta las limitaciones de tiempo de muchos padres cuando sus hijos están de vacaciones), debemos intentar que los menores sustituyan las horas lectivas por horas activas física y mentalmente, y eso requiere seguramente que todo el entorno familiar adquiera dichos hábitos. 


Referencias:

1.        Watson A, Maher C, Golley R, Dumuid D, Olds T, Manson A, et al. Children’ s activity and diet behaviours in the summer holidays versus school year. Pediatr Obes. 2023;(March):1–9. 

2.        Olds T, Maher C, Dumuid D. Life on holidays: Differences in activity composition between school and holiday periods in Australian children. BMC Public Health. 2019;19(Suppl 2):1–8. 

3.        Nagy LC, Faisal M, Horne M, Collings P, Barber S, Mohammed M. Factors associated with accelerometer measured movement behaviours among White British and South Asian children aged 6-8 years during school terms and school holidays. BMJ Open. 2019;9(8):1–8. 

4.        Brazendale K, Beets MW, Weaver RG, Pate RR, Turner-McGrievy GM, Kaczynski AT, et al. Understanding differences between summer vs. school obesogenic behaviors of children: The structured days hypothesis. Int J Behav Nutr Phys Act. 2017;14(1):1–14. 

5.        Moreno JP, Johnston CA, Woehler D. Changes in Weight Over the School Year and Summer Vacation: Results of a 5-Year Longitudinal Study. J Sch Health. 2013;83(7):473–7. 

6.        Bentham J, Di Cesare M, Bilano V, Bixby H, Zhou B, Stevens GA, et al. Worldwide trends in body-mass index, underweight, overweight, and obesity from 1975 to 2016: a pooled analysis of 2416 population-based measurement studies in 128·9 million children, adolescents, and adults. Lancet. 2017;390(10113):2627–42. 

7.        Di Cesare M, Bentham J, Stevens GA, Zhou B, Danaei G, Lu Y, et al. Trends in adult body-mass index in 200 countries from 1975 to 2014: A pooled analysis of 1698 population-based measurement studies with 19.2 million participants. Lancet [Internet]. 2016;387(10026):1377–96. Available from: http://dx.doi.org/10.1016/S0140-6736(16)30054-X

Pedro L. Valenzuela

Pedro L. Valenzuela (Alcalá de Henares, 1992) es Doctor en Ciencias de la Salud, investigador postdoctoral en el Instituto de Investigación del Hospital 12 de Octubre (grupo de investigación en Actividad Física y Salud, PAHERG), y profesor asociado en la Universidad de Alcalá. Estudió Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, para después complementar su formación con un máster en Fisiología Integrativa. Compagina su labor investigadora tanto en el campo del rendimiento deportivo (habiendo realizado numerosos estudios sobre entrenamiento, rendimiento y nutrición en deportistas de élite) como en el campo de la salud, con especial interés en la aplicación del ejercicio físico en poblaciones clínicas.

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